Este periodo comprende entre el año 1600 hasta finales del siglo XVII y es una continuación, más intensa, del Renacimiento.
Se caracteriza por el triunfo de la ornamentación, los juegos de palabras, la búsqueda de la emoción y el placer estético. A diferencia del Renacimiento, el Barroco se caracteriza por la idea del desengaño y por el pesimismo.
Las temáticas frecuentes en esta literatura son la vida como lucha, sueño o mentira y la fugacidad de los hechos humanos, plasmadas en un estilo suntuoso y recargado.
La literatura barroca hace uso desmedido de la adjetivación, el hipérbaton, la elipsis, la metáfora, la perífrasis, la antítesis y las alusiones mitológicas.
Entre sus rasgos principales se destacan:
El sentimiento de la escritura es de pesimismo, con un temple depresivo, cruel y frío.
Poco interés por la exaltación humana, ya que existe un desencanto por el hombre.
Lenguaje cerrado, muy hermético.
La forma adquiere individualidad y el contenido también.
Existencia de dos corrientes: el conceptismo y el culteranismo.
Exponentes:
Miguel de Cervantes con “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha“.
Francisco de Quevedo y “Sonetos” (corriente conceptista).
Pedro Calderón de la Barca con “La Vida es Sueño”.
Luis de Góngora con su obra “Sonetos”, que sólo comparte el título con la obra perteneciente a de Quevedo, pues es de corriente culteranista.